El abuelo batallitas roleras

La vais a flipar con esta movida, tíos.

La vais a flipar con esta movida, tíos.

Estuve el otro día pensando y recordando con cariño mis inicios en esto del rol y algunas anécdotas, recuerdos que tengo de por aquel entonces que guardo como un tesoro.

Llegan a mí esos momentos que ojalá pudiera recordar como si fueran ayer mismo. Primero, el miedo que sentía cada vez que oía a alguien hablar de juegos de rol y cuando algún despistado me decía que Warhammer 40,000 también era rol. Claro, que pensé entonces que si un juego de miniaturas era rol, y el rol tenía esa etiqueta satánica y ocultista (lo cual me impresionaba bastante por aquel entonces), al no haber visto nada de todos esos rituales ni ido a un cementerio a hacer cosas raras por la noche, ¿qué sentido tendrían esas tonterías que se decían sobre los juegos de rol? Es decir, yo quedaba con amigos en un pueblecito de Ávila a jugar a Warhammer, y vale que éramos un tanto gamberros, pero durante las partidas no pasaban cosas extrañas, jugábamos nuestros escenarios y ya está. Diversión y se acabó.

Un tiempo más tarde fui conociendo a más gente que le molaba eso de Warhammer y recuerdo pasarme tardes enteras jugando, a veces con batallas que duraban todo un fin de semana. Ya se había perdido el miedo a los juegos de rol y sabía que Warhammer era un wargame y no un juego de rol (aún no sabía nada de que, efectivamente, sí existía un juego de rol de Warhammer), y cada vez mis amigos de las partidas me iban hablando más sobre lo bien que se lo pasaron jugando al rol y cuánto lo echaban de menos.

Entre muchas otras anécdotas que me contaron, estaba aquella que me encantó y me hizo picar la curiosidad hasta el infinito y más allá. Según un amigo de entonces, él había jugado una partida de El Señor de los Anillos durante un par de años muy de seguido, y los personajes habían alcanzado ya tal punto de poder que recorrían el mundo como querían, siendo uno de sus mayores pasatiempos cazar Espectros del Anillo. Claro, yo me quedé flipado. ¿Eso se puede hacer jugando al rol? Ya debían de ser poderosos, sí. ¿Y eso cómo iba, era muy difícil? Sea o no cierto que lo hicieran, no voy ni a entrar a racionalizarlo. En parte, gracias a eso me decidí darle una oportunidad al tema.

Y así, al cabo de un tiempo, ese mismo amigo que me contaba una historia tras otra de sus partidas, decidió hacer una pequeña partida de El Señor de los Anillos. Sacó el libro y nos explicó que teníamos que tirar en una tabla para saber con qué raza empezábamos. No recuerdo a los demás, de hecho creo que sólo éramos dos jugadores, pero me tocó un Elfo Sindar. Según este colega nos explicó, los Sindar eran los segundos elfos más poderosos del juego, así que yo estaba contento. Nada mal para mi primera partida.

No os aburriré mucho con detalles. Baste decir que el grupo estaba investigando la repentina aparición de una gran cantidad de orcos en una zona donde no se les había visto hasta ahora. Debíamos encontrar su origen a este problema y averiguar todo lo que pudiéramos sobre ello. Entre investigación y conversaciones, acabamos llegando a una casa, donde había rastros de pelea, y empezamos a buscar por toda ella, hasta encontrar un armario marcado (mi personaje perdió puntos de vida al asomarse al armario y golpearse la cabeza), que tenía un doble fondo y que, detrás, escondía un pasadizo oculto a una especie de fábrica o congregación de donde provenían aquellos orcos, encontrando la marca de Saruman por todos lados.

Y ya está, eso fue todo. Yo salí encantado, mi amigo también, y decidí que quería saber más sobre eso de los juegos de rol. Tirar daditos y hacer partidas, eso tenía muy buena pinta, así que empecé a buscarme las vueltas por todas partes para sacar el máximo de información posible.

Pero esta ya es otra historia que contaré en otro momento.

Saludos y abrazos.

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