El deseo de mis jugadores es el camino

caaaaarlHace poco tuve el placer de poder jugar una de las partidas de rol más divertidas que recuerdo en los últimos tiempos. Y siendo jugador esta vez, claro que sí. Pasó el día que celebrábamos el cumpleaños de una amiga (a la que quizás conozcáis por llevar al personaje de Oudry Hamilton en la partida de La Llamada de Cthulhu), y otro amigo dirigió la partida. Es curioso, porque la partida era de humor… y consiguió su objetivo de pleno.

Hablamos de una partida de Fanhunter, que en realidad sólo guardaba escasas semejanzas con el mundo que describió Cels, y apostó por una trama original que se curró el director. La trama, más que compleja, era especialmente graciosa, y eso fue un punto especialmente a su favor. Quizás no hablemos mucho de esto, pero se dice poco de lo realmente complicado que es llevar una partida de humor, y más últimamente. Vale, no me refiero a esas partidas que pretenden ser serias pero acaban en risas o anécdotas divertidas. Muy al contrario, la partida trataba de humor y es realmente muy complicado mantener la gracia durante todo el tiempo que se juegue. Quizás durara alrededor de unas cuatro horas, y la cosa mejoraba y mejoraba. Hay que reconocerle al director que lo supo manejar muy bien, y que los jugadores también pusieron mucho de su parte para que la cosa saliera a pedir de boca. Mención especial al Capitán Borsek, todo un encanto de tío.

No me desviaré, me encantaría contar cómo era la partida para que quedara plasmada por los tiempos de los tiempos, y probablemente lo haga en alguna otra ocasión, pero ahora centrémonos en el hecho de que no todas las partidas tienen que ir única y exclusivamente de lo que el director quiera dirigir, sino que quiero hacer hincapié que dándole a los jugadores lo que quieren, se puede llegar a situaciones tan divertidas como las que viví ese día. El ambiente de colaboración, los jugadores ayudando en lo que podían con sus interpretaciones, todos los factores se confabulaban para llevarnos al momento ideal, y es que la partida fue de diez, no puedo describirla de otra forma.

Esto me lleva también a otra conclusión, y es que no hace falta que las partidas sean sesudos entramados con multitud de opciones y otra parafernalia. Que no digo que esto esté mal, mucho ojo con ello. Lo que digo es que muchas veces una partida simple y divertida de por sí basta para hacer las delicias de los jugadores. No hay más, los jugadores somos así y también nos lo pasamos bien con cositas más simples pero que molen igualmente. Veamos por ejemplo el tema de los juegos de mesa, como echar una partida a Twilight Imperium y otra al Carcassonne. Vale, no son lo mismo, pero a veces no sólo es cuestión de tiempo, sino que apetece más echar una partida al segundo que al primero.

Quizás lo más importante aquí es que en la variedad está el gusto, y uno ya se aburre de jugar siempre a lo mismo. Llevar únicamente partidas de terror está guay, pero termina cansando a la larga. Lo mismo si nos limitamos a cualquier otro tipo de partidas, y a veces pillamos con más ganas una partida one shot como fue esta de la que os hablo que una Gran Campaña de Pendragón (que dicho sea de paso, molaría infitino jugar – ¿algún voluntario?).

La conclusión es que los jugadores al final son los que tienen la palabra definitiva sobre el éxito o la perdición de una partida. En este caso, el asunto ha salido muy bien, otras ocasiones no sale la jugada por mucho que lo intentemos. Volvemos al mismo tema al que hemos dado vueltas una y mil veces: la clave reside en hablar entre todos y encontrar algo que nos mole. A veces ni los propios jugadores o directores saben qué camino seguir y a qué jugar, incluso hay veces que parece que nos apetece algo… que luego nos termina aburriendo rápidamente.

Poco más que añadir ya, simplemente que sigais atentos a Distrito Digital. Ya hablaremos sobre esta partida más adelante, con suerte.

Saludos y abrazos.

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