Lex Aeterna: Candance, ciudad de oro y sangre

Guerrero // Warrior por Saka Bonetto CC-BY-NC-SA

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Bienvenidos a todos de nuevo. Sí, aquí estoy. Y vengo a hablar de mis partidas. Esta será la primera de una serie de entradas en las que iré desgranando poco a poco el mundo de un proyecto en el que llevo trabajando ya muchos años y que creía muerto hasta hace poco. ¿Os suena Quest for Heaven? ¿Y Lex Aeterna? Pues este es el resultado. Vamos a hablar ahora de lo que vendrá en las primeras partidas.

Estamos ahora mismo en Candance, una importante ciudad comercial del Reino de Zibaldias. En Candance se puede encontrar prácticamente cualquier mercancía que se pueda desear: desde los más sencillos utensilios para facilitar la vida de aquellos que puedan pagarlos hasta los más perversos y refinados placeres. El comercio con esclavos y transacciones varias con órdenes de mercenarios son asuntos totalmente legales, que se hacen de día y de cara al público, aunque en ciertos círculos esté mal visto.

A pesar de la prosperidad que el comercio ha traido a los habitantes de la ciudad, lo cierto es que esto ha polarizado aún más si cabe la situación que sufrían los barrios menos afortunados, que ahora se han convertido en un hervidero de rateros, asesinos y mafiosos de todo tipo. Mientras tanto, los nobles y miembros de la realeza siguen urdiendo sus confabulaciones envueltos en la más delicada seda y espectaculares ornamentos de oro. Su ansia de poder rara vez hace que la sangre llegue al río, pero es cada vez más común que sucedan desgracias imprevistas.

El Culto a Arcade, la antigua diosa protectora del pueblo, se vuelve progresivamente más extremista sumido en sus propias luchas internas. Varias facciones se disputan el derecho a representar el verdadero sentir de su diosa en vida, y sus dogmas chocan violentamente entre sí, llevando la desesperación y ruina a incluso sus más devotos seguidores. La situación parece estar siempre a punto de estallar, y nadie espera que el conflicto termine de forma pacífica.

Por otro lado, las profecías empiezan a hacerse realidad… o eso dicen. Se habla del despertar de los dragones, de la inminente llegada de la guerra y el hambre a las tierras de Zibaldias. Con ello llegarán las enfermedades, y finalmente la muerte pero, ¿quién pondría la mano en el fuego ante estas disparatadas historias? Sólo las criaturas de otras razas creen con suficiente fe en estas leyendas, y pronto se ven acosadas al verse en minoría frente a la tozudez de los humanos, que empiezan a culparles de todos los males que los aquejan o han de llegar. Sólo unos pocos defienden a los más desfavorecidos cuando se encuentran entre la espada y la pared, y muchos de ellos acaban mal.

Así pues, Candance ha venido a convertirse en el lugar predilecto para aventureros con ansias de emociones fuertes. No cabe duda de que Candance verá el nacimiento de las más grandes leyendas, o perecerá entre las más grotescas miserias.

Un saludo y un abrazo.

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