¿Por qué es más legítimo obtener libros de una biblioteca que por descarga digital?

Seguro que si has tenido alguna discusión o seguido algún debate sobre descargas digitales has escuchado alguna vez utilizar este argumento. En numerosas ocasiones cuando se habla de cultura libre, las bibliotecas son el bastión y leitmotiv del defensor a ultranza de los derechos de propiedad intelectual en detrimento de las descargas que se realizan sin “pasar por caja”, a las cuales se les resta licitud. Pensando en todo esto, planteo la siguiente pregunta: ¿Por qué es más legítimo obtener libros de una biblioteca que por descarga digital?

Pero, ¿de qué hablamos cuando nos referimos a lo “legítimo”? ¿Exactamente a qué me refiero con “descargas digitales”? En primer lugar quiero referirme a la segunda cuestión. Las descargas digitales de las que hablo son aquellas que, siendo sinceros, se producen sin contraprestación económica directa y que están avaladas por el derecho a la copia privada. Sobre la copia privada ya volveré más tarde. En cuanto a la primera pregunta, me he tomado la libertad de escoger el artículo de Wikipedia como ejemplo para constuir la base de mis argumentaciones.

Según dicho artículo, la legitimidad es “un término […] que define la cualidad de ser conforme a un mandato legal, a la justicia, a la razón o a cualquier otro cierto mandato”. Aquí hablaré únicamente del mandato legal y el filosófico o moral.

Para empezar, ¿son las copias privadas legales? ¿Qué define y enmarca esta excepción al derecho de propiedad intelectual? No me extenderé demasiado sobre esto (y hay artículos de abogados y especialistas en derecho muy competentes en el tema que pueden aportar mucha más información que yo aquí). Hablemos del concepto básico sobre copia privada en Derecho y de cómo se ha venido aplicando hasta ahora el mismo.

La copia privada en teoría, hasta el momento y explicado en términos simples, es aquella que se realiza para uso privado, sin fines lucrativos ni para reproducción colectiva o puesta a disposición pública, siempre y cuando se haya accedido al original de forma legítima. En la práctica, “la jurisprudencia no ha entrado a hablar como cuestión de fondo de la copia privada cuando ésta se realiza a través de internet”.

En resumen, ¿es legal la copia privada? Si se realiza del material original al cual se haya accedido legalmente, así es (a falta de que se hable a fondo del tema en los tribunales). Tengamos en cuenta que hay más formas legales de acceder a un libro que a través de su compra. Lo que ha quedado más que demostrado es que la copia privada no es un delito, y de momento no hay ninguna sentencia que haya resuelto que sea tan siquiera un ilícito civil descargar libros de internet según lo anteriormente expuesto.

En cuanto a las cuestiones morales o filosóficas sobre las descargas, creo que el debate se transforma con una sorpredente regularidad en la quinta esencia de lo irracional. Desde luego, las discusiones y argumentos más oídos son aquellos que apelan a la buena voluntad o al remordimiento como motor principal en contra de las descargas. Esto se da siempre y cuando exista una verdadera discusión y no un intercambio de insultos: los que descargan tienen mucho morro, son unos hipócritas, son unos ladrones, son unos piratas.

Mi opinión en cuanto a este asunto es que en la moral de cada cual manda su dueño. Muchas gracias pero por mi parte no hacen falta lecciones morales. Sobra decir que los insultos y el menosprecio no deberían aparecer en ningún momento cuando se toca un tema tan delicado. Lo cierto es que llevar a cabo descargas digitales está cada vez más socialmente aceptado en este país; a mi modo de ver, de ahí proviene buena parte de la preocupación de la industria.

Creo que uno de los mayores problemas a los que se enfrenta esta sociedad en cuanto a las descargas son las empresas y los lobbys de presión. No nos engañemos, las empresas no están aquí para hacer nuestra vida más fácil o para deleitarnos, sino para ganar dinero. Esto explicaría el por qué de programas como Equipo de Investigación, las machaconas campañas contra la piratería o la persecución a la que se someten a algunas cabezas de turco.

Lo preocupante del asunto es que sean estas empresas las encargadas de proteger, pasando por encima de sus clientes, un modelo de negocio que se echa a perder rápidamente. Las medidas que se están tomando hasta ahora resultan totalmente ineficaces y, mientras tanto, otros modelos de negocio alternativos y más potentes se alzan. Este es por ejemplo el caso de Amazon, que viene registrando desde hace años mayores beneficios de la venta de libros digitales que de libros físicos. Otras muchas plataformas se van formando a medida que pasa el tiempo, como el caso de Lektu.

Desde mi punto de vista, es importante que la descarga digital siga e incluso se incremente. Los libros son cultura, y creo muy necesario que se pueda acceder libremente a ella siempre que sea posible por parte de todo el mundo. En primer lugar, porque el conocimiento nos permite desarrollarnos de una forma más completa a nivel personal y profesional. Si a la cultura sólo la llamamos de esta manera siempre y cuando cumpla los prerrequisitos que los negocios intentan imponer, entonces se nos llevará a un punto en el cual esos mismos negocios serán quienes nos configuren culturalmente.

No quisiera parecer despiadado para con los autores, pero ellos también han de adaptarse para buscar otras formas de obtener beneficios por el trabajo que realizan. Si los autores se han sometido a la voluntad de un barco que se hunde, tendrán que buscar aliados en otras editoriales o medios de producción alternativos que puedan ayudarles a salir adelante. Lo que los “consumidores” no podemos permitir es que se cargue sobre nuestros hombros los errores que estos modelos de negocio han cometido sin nuestra ayuda; y es en última instancia nuestro derecho decidir marcharnos a buscar otras fuentes de cultura en tierras que ahora resultan ser más fértiles.

En mi opinión, y ya para terminar, las descargas digitales no se van a acabar de aquí a un futuro próximo. La sociedad está cambiando y ve nuevas oportunidades en plataformas de información y cultura tan libres y ricas como internet. Tratar de detener o dar lecciones de moral contra ello empieza a cansar; el error es pretender guiar a la gente a tu terreno y no moverte a su ritmo o incluso adelantarte. Ese error ya está teniendo sus consecuencias.

Por otro lado, no considero necesario que nadie tenga que justificar por qué ejerce su derecho al libre acceso a la cultura. Es un tema del que se puede discutir durante mucho tiempo (y yo estaría encantado de hacerlo), pero no creo que llegue esa agónica muerte de la cultura que los medios tratan de mostrarnos.

¿Por qué es más legítimo obtener libros de una biblioteca que por descarga digital? Mi respuesta es que no lo es. Los dos medios son legítimos para acceder a esas fuentes de conocimiento. Yo seguiré descargando, tú decide por ti mismo teniendo en cuenta todo lo hablado en los medios e internet y el resto del mundo tomará sus propias conclusiones.

Un saludo y un fuerte abrazo.

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