Slayers: The Sorcerer of Atlas – Novela 2 de Reena y Gaudy, Los Justicieros

Slayers 2 the sorcerer of atlasTras devolver la primera novela a mi amigo, me prestó la segunda y hoy vamos a hablar sobre ella. Si no sabéis de lo que estoy hablando, aquí podéis leer sobre la primera novela de Slayers: The Ruby Eyes, además de una pequeña traducción de las primeras páginas. Esta segunda novela se titula The Sorcerer of Atlas.

Tras los acontecimientos de la primera novela, Lina y Gourry deciden continuar con su viaje tal y como Lina tenía previsto. ¿Su destino? Atlas, una ciudad cuyo Consejo de Hechiceros podía rivalizar en poder al del mismo rey. Al llegar a la ciudad, sin embargo, Lina y Gourry se ven persuadidos para unirse como mercenarios y protectores de Tarim el Violeta. Tarim tiene verdadero pánico de ser asesinado por su rival a la silla de la presidencia del Consejo de Magos, Daymia el Azul.

Además, en su camino, nuestros protagonistas se encontrarán con Seigram, un mazoku (demonio) de gran poder que pretende introducirles en lo más retorcido de una conspiración que se está fraguando entre bambalinas. Está claro que alguien ha invocado a los mazoku, ¿pero quién? ¿Serán Lina y Gourry meros peones del juego de poder o su presencia decantará la balanza a favor de Tarim o Daymia?

Vale, sé que no me he extendido mucho, pero para compensar os dejo aquí una breve traducción de las primeras páginas de la novela. ¡Disfrutad!

¿Alguna vez has levantado la vista de la cena para encontrarte con que el civilizado restaurante en el que comías pacíficamente hasta hace unos momentos ahora parece arrasado por una manada de elefantes con petardos pegados al culo?

¿No? ¿De verdad? Vaya. A mí me pasa siempre. Venga, no me pongas esa cara. Sé lo que piensas, pero no fue por mi culpa esta vez. ¡No lo fue!

Déjame explicarte: allí estaba yo, en una pequeña y acogedora taberna de Ciudad Atlas. La comida estaba fresca, pero los clientes podridos. La mayoría de ellos, en cualquier caso. Era el tipo de sitio que atrae un flujo constante de mercenarios y matones, con el ocasional rufián para darle color al asunto. En realidad, probablemente no debería sorprenderme de que empezara una pelea de aquella categoría, pero lo hizo. Quiero decir, no es un secreto que haya trabajado como mercenaria de tanto en cuanto, pero ese lugar tenía cierta reputación por su buena comida; y yo había ido por la comida, no a buscar pelea. Todo el que me conozca podrá decirte que no me hacen gracia los puñetazos. Soy una pacifista, ya ves.

No, no estoy bromeando. Borra esa sonrisilla o ya verás, te la quitaré–ehm… mejor sigamos con la historia.

Vale, de vuelta al combate: Una vez que la pelea entró en su momento álgido, encontré un lugar bajo la esquina de una mesa y me senté allí. Tenía unas buenas vistas para la acción, y fui capaz de seguir royendo una pata de pollo que rescaté de mi plato antes de que saliera volando. ¡Cena y espectáculo! Ahora que lo pienso, no estaba nada mal.

¿Qué causó todo el lío, preguntas? Oh. Bueno, parece ser que una cosilla que pasó al principio…

Justo había empezado mi cuarto plato de deee-licioso pollo con fideos cuando un tipo junto a la barra decidió que quería empezar a charlar con la menda. Era pelirrojo, y aunque no era exactamente un guaperas, tampoco era feo. Llevaba una armadura de cuero arañada sobre una combinación de túnica y pantalones, y cargaba con una espada bastarda enfundada en su vaina a la espalda. Me tomó sólo dos segundos figurarme que era un mercenario común y corriente.

“¿Está sola, señorita?” me preguntó.

Le eché una mirada, decidí que no estaba interesada y volví a mi plato. “He venido con alguien,” farfullé justo antes de desviar mi atención al camarero y pedir mi próximo plato: souflé de pollo.Slayers 02

El mercenario hizo tsc, tsc, tsc, chasqueando, y negó con su dedo señalándome.

Para futuras referencias: ¿Sabes lo que opino de un tío que niega con su dedo hacia mí y chasquea la lengua haciendo tsc, tsc, tsc? Pienso que está pidiendo a gritos perder un dedo. Especialmente si lo hace mientras estoy comiendo.

“Vaya, ¿no es una pena? No es sabio que un colega deje sola a una chica tan linda como tú en un sitio como este.” Entonces puso su mano sobre mi hombro de una manera demasiado familiar.

No me importa la parte de “chica linda”, pero no me hace mucha gracia que me toquen, y el paternalismo era bastante insultante. Odio que se piense que sólo por ser baja y mujer, no puedo cuidar de mí misma.

Cuidado, amigo.

“Cuál es tu nombre, ricura?”

El souflé estaba muy bueno.

“Me llamo Lantz,” dijo.

Comer con la mano de un tipo en tu hombro podía ser molesto, sin embargo.

“¿Te ha comido la lengua el gato, ricura?”

¡Eh! Sentí una extraña sensación en el trasero. Así es: en mi trasero. ¡Lantz estaba intentando tocarme el culo! ¡¿Estás de broma?!

Hay cierta verdad en aquel viejo cliché de ser sorprendida por tu propia fuerza. Pretendía tirarle de bruces contra la barra con un satisfactorio “¡crac!”, pero le tuve que tirar un poco demasiado fuerte porque…

“¡¡¡AAAAYYY!!!” Lantz consiguió de alguna manera chocarse contra el pico y golpearse entre las piernas contra el suelo. Ni tan siquiera sabía que eso fuera posible.

Eso tiene que doler.

¡Eh! ¡Es en defensa propia, está justificado!

El viejo canalla de Lantz dejó escapar un gran sollozo, intentando levantarse. Mientras lo hacía, se tambaleó y cayó en una mesa cercana. Por desgracia, estaba ocupada.

“¡Eh, tú! ¡¿Qué hace’?!” gritó el descontento comensal, que levantó a Lantz y lo lanzó contra otra mesa . . . y vuelta a empezar.

Supongo que, técnicamente hablando, fui la primera en lanzar el… hum… puñetazo, ¡él se lo había buscado! No puedes ir por ahí tocándole el culo a alguien por las buenas y esperar marcharte sin que la propietaria de ese trasero use tu cara para romper un par de mesas, ¿no?

Hasta aquí la entrada de hoy. ¡Un saludo y un abrazo!

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